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Para las personas sin hogar, la calle es una jaula, el hogar es libertad

Personas Vagabundo viven encerrados en una pluralidad de jaulas, invisible pero tangible, del que parece imposible salir. Garantizarle uno casa en el que vivir, siguiendo el modelo Housing First, es la herramienta más eficaz para devolverles libertad y la dignidad que merecen.

El camino como una jaula

Deberíamos intentar imaginar el gente sin hogar como algunos animales en jaula. El strade de la ciudad, que siempre ha sido sinónimo de libertad, como uno grande jaula cielo abierto. Vive constantemente bajo la mirada de millones de ojos desconocidos; ya sean indiferentes, curiosos o compasivos pequeños cambios.

Por fuerte que sea la imagen, es quizás la que mejor describe el estado del personas que pueblan, casi siempre de forma invisible, el strade y los barrancos de nuestras ciudades.

Solo aparentemente libres, para moverse, para decidir su tiempo, en realidad están encerrados en una prigione con múltiples caras.

Está, en primer lugar, el interior de su psicosis o su adicción patológica. Es muy raro encontrar Vagabundo que no tengan algún trastorno mental o que no sean víctimas de adicción a las drogas o al alcohol.

Luego está el jaula de derechos ignorados y servicios deficientes, en cuyas mallas acaban enredados y de los que muchas veces deciden marcharse definitivamente, acabando viviendo nuestras ciudades como fantasmas. Servicios que a menudo son distantes, ineficaces, inaccesibles, incapaces de conectarse en red, estigmatizantes en sí mismos.

Ahí está el jaula, casi imperceptible, hecho por la indiferencia o el enfado de una sociedad que no solo decide no ver ciertas realidades, sino que sigue considerándolas una plaga inevitable.

Hay jaula, tal vez incluso más deletéreo, construido por aquellos que han decidido hacer subir a las personas sin hogar como símbolo de la pobreza, para aliviar, por supuesto, pero no para eliminar.

En su condición, las relaciones con los demás se reducen a casi nada. Hay tan el jaula de la soledad. Casi completamente desprovisto de redes sociales de apoyo, sin lazos familiares ni amistades sólidas, el gente sin hogar sólo en unos pocos casos intentan superarlo a través de amistades frágiles, construidas sobre esa solidaridad de la desesperación que a veces acaba asumiendo características regresivas.

La jaula es un espacio en el que el amor, entendido como esa pluralidad de gestos afectivos, cercanía, intimidad, calor humano, abrazos, acaba por no tener derecho a la ciudadanía. Predominan el dolor, el miedo, el miedo constante a ser asaltado o asaltado, la voluntad de escapar de la mirada ajena, la necesidad dolorosa de escapar de la realidad. De ahí el intento de protegerse erigiendo una barrera mental entre uno mismo y el mundo exterior -con la aparición o agravamiento de las más diversas psicosis- o refugiándose en el arpa de la memoria freudiana, como el alcohol o las drogas.

Pero lo que quizás sea más sorprendente es la naturaleza de este jaula. En cuanto a los animales de un zoológico, para los que es imposible concebir una vida diferente, en otro lugar, hay carretera es para yo Vagabundo un lugar del que parece muy difícil salir.

La casa como instrumento de libertad. El modelo Housing First

Es a partir de aquí, desde la única inevitabilidad aparente de esta condición, que nuestro deseo de encontrar una clave diferente para devolverles su libertad. De la creencia de que elpersonas sin hogar no solo hay que oponerse, sino que es posible y necesario trabajar para superarlo. El fenómeno de Vagabundo -este es un punto decisivo-, aunque cada vez se declina de forma individual, es una realidad con causas sociales precisas y, por tanto, requiere respuestas sistémicas.

La herramienta del libertad tiene la forma banal de una llave que abre la puerta de uno casa. Aunque la afirmación es semánticamente una paradoja, la experiencia de varios años pasó en carretera como operadores, en un frenético intento de ayudar al Vagabundo para recuperar sus vidas, nos convenció de que la única manera de liberarlos de jaula, invisibles y muy tangibles, ambos les dan la oportunidad de volver a vivir uno espacio cerrado, protegido, íntimo.

Dar uno casa para devolver el libertad.

La casa como el primer lugar para recuperar un espacio para uno solo, esa esfera privada e íntima cuya existencia y protección es condición de la dignidad personal. Donde se pueden realizar los gestos más elementales de la vida cotidiana, que son luego el tejido de una vida: cocinar, amar, descansar, amarnos, conocer a los seres queridos. Hágalo serenamente.

Por ello, como PsyPlus, decidimos intentar revertir el enfoque que aún prevalece en la gestión depersonas sin hogar, que en lugar de considerar el casa como requisito previo, lo coloca en la cima de una montaña para escalar. Un enfoque que casi siempre resulta infructuoso, favoreciendo la cronización, la multiplicación de círculos viciosos y la desconfianza en un sistema fragmentado.

Decidimos hacerlo casándonos con elVivienda primero. Un modelo introducido en 1992 en Estados Unidos por el psiquiatra Sam Tsemberis y que desde entonces, como demuestran muchas experiencias e investigaciones a nivel internacional, garantiza a los participantes una mayor estabilidad habitacional, alcanzando también Vagabundo crónico, aumenta la disposición a participar y finalizar los tratamientos terapéuticos, mejorando las condiciones de salud y reduciendo significativamente el consumo de alcohol y drogas, así como los contactos con la justicia.

El secreto de Housing First es entender que la disponibilidad de una vivienda para vivir y ser responsable, con la sensación de seguridad y control existencial que ello conlleva, es fundamental. Tanto como el apoyo constante de un equipo de profesionales que facilitan el acceso a servicios, derechos, beneficios, promoviendo siempre la autodeterminación de la persona y el progresivo retorno a la vida social. Es la forma más eficaz de personas sin hogar libres de lo múltiple jaulas de los cuales son presos, devolviéndoles libertad y la dignidad que merecen.

 Julio Ciucci

 * Notas sobre el autor: Giulio Ciucci es doctor en Sociología. Después de trabajar en el sector de la inmigración, colaborando primero con Caritas y luego con la Organización Internacional para las Migraciones, desde hace algunos años trabaja con personas sin hogar como trabajador de calle para el Ayuntamiento de Roma. Socio de PsyPlus desde 2019, actualmente se dedica al desarrollo del Área dedicada a la inclusión social y a la lucha contra la marginación adulta grave con el objetivo de realizar proyectos Housing First en las ciudades de Roma y Pescara.

Vagabundo, carretera, Hogar, Libertad, Falta de vivienda





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